Ante un ictus, cada minuto cuenta. Saber reconocer las señales de alarma y actuar rápido puede salvar vidas y reducir secuelas.
El ictus se produce cuando se interrumpe el riego sanguíneo en una parte del cerebro, ya sea por una obstrucción (ictus isquémico) o por una hemorragia. Sin oxígeno, las neuronas de esa zona empiezan a dañarse en minutos.
Una forma sencilla de reconocer un ictus es fijarse en tres signos que aparecen de forma brusca:
Otras señales pueden ser pérdida brusca de visión, mareo intenso con pérdida de equilibrio o un dolor de cabeza muy fuerte y repentino.
Llama de inmediato al 112. No esperes a ver si los síntomas remiten: el tiempo es cerebro. Anota a qué hora empezaron los síntomas, ya que es una información clave para el equipo médico.
Superada la fase aguda, la rehabilitación neurológica es fundamental para recuperar funciones y autonomía, aprovechando la neuroplasticidad del cerebro. Empezar pronto y con un plan personalizado marca la diferencia.
Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante cualquier duda, consulta con tu médico.
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