Retener un número mientras lo marcas, seguir una conversación, cocinar con una receta… Todo eso depende de la memoria de trabajo.
Es la capacidad de mantener y manipular información en la mente durante unos segundos para usarla en una tarea. Funciona como una «pizarra mental» de capacidad limitada: sostiene los datos el tiempo justo para operar con ellos.
Tras un ictus, un traumatismo o en algunas enfermedades neurodegenerativas, la memoria de trabajo puede resentirse: la persona se distrae, pierde el hilo, repite preguntas o le cuesta seguir instrucciones de varios pasos. No es «falta de interés»: es una dificultad cognitiva concreta.
La neuropsicología evalúa el perfil cognitivo y entrena la memoria de trabajo con ejercicios graduados y, sobre todo, con estrategias compensatorias: dividir las tareas en pasos, apoyarse en agendas y notas, reducir distracciones y automatizar rutinas.
Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante cualquier duda, consulta con un especialista.
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